8 novelas escritas por cantantes

By Fernanda Velazquez 5 meses agoSin comentarios
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La Academia Sueca nos sorprendía con la concesión del Nobel de Literatura 2016 al músico y cantautor Bob Dylan. El premio no es un reconocimiento, precisamente, a sus dos libros Tarántula y Crónicas. Volumen, sino a “una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción, según aclara el jurado del galardón.

Dylan no es el primer cantante que hace sus pinitos en el mundo de la literatura. Cantautores, vocalistas, rockeros, baladistas… No parece una cuestión de géneros musicales, pues son diversos músicos los que han probado suerte con las letras.

 


1. El juego favorito, de Leonard Cohen

Leonard Cohen fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2011.

La adolescencia y la juventud de Lawrence Breavman, hijo único de una vieja familia de Montreal, están hechas de colores deslumbrantes y de repentinos momentos de zozobra y oscuridad. Atraviesa esa época de formación siempre un poco a destiempo, ligeramente desenfocado, acumulando sabiduría y desamparo. Su padre ha muerto y él no termina de entender bien cómo ni por qué; los juegos adultos del amor y la guerra con sus infinitas posiblidades de fantasía y crueldad, lo excitan y lo turban.
Su vida cambia en la universidad, pero la intensidad con que vive no disminuye ni un instante. La ansiedad y el deseo tampoco, como se hace evidente cuando huye a Nueva York. Y en rigor podría decirse que su vida comienza allí, cuando conoce a Shell, una muchacha que el hace descubrir el amor y sus exigencias, los trabajos que la felicidad exige.

 


2. Y el asno vio al ángel, de Nick Cave

Nicholas Edward Cave, más conocido como Nick Cave, es un músico, escritor y actor australiano, conocido por su trabajo con el grupo Nick Cave & The Bad Seeds.

Euchrid Eucrow es el producto de varias generaciones incestuosas de consumidores de aguardiente. Con malformaciones físicas y mudo de nacimiento, pero poseído por una sensibilidad fuera de lo común, que oculta bajo una simpática e indestructible fanfarronería; vive en una aislada comunidad de cultivadores de caña dominada por una estricta y peculiar secta religiosa, los ukulitas. Subyugado por las manías y obsesiones, en ocasiones terroríficas y a veces hilarantes, de una madre monstruosa y un padre medio psicótico, y por la constante mofa del resto de la comunidad, Euchrid aprende a encontrar refugio en un mundo propio, el del corazón de la ciénaga en los confines del pueblo. Pero incluso ese cobijo seguro le es negado, y cuando su sensación de soledad y de resentimiento acaba volcándose sobre una impostora inocente pero privilegiada, aceptada en el seno de la comunidad ukulita, Euchrid va hundiéndose gradualmente en el autoengaño y en la demencia, culminando con un acto que deja caer sobre él la terrible venganza del valle.

 


3. El amor empieza después del café, de Xuso Jones

 

Jesús “Xuso” Segovia Pérez, más conocido como Xuso Jones, es un cantante español que enamoró a millones de personas con versiones de canciones y temas propios en YouTube. Saltó a la fama con su video Cantando el pedido en McAuto, que se convirtió en un fenómeno viral.

Paulo, un chico atractivo hijo de una familia bien, está harto de la empresa de publicidad donde hace prácticas. Se pasa el día haciendo la pelota a influencers y mediáticos y no aprende nada de nada. Esa vida no es como en Mad Men. Un buen día se planta y decide dejarlo, pero su novia, Vanessa, una bloguera superficial y vanidosa, no le apoya lo más mínimo, porque si él deja su curro a ella se le acaban los pases VIP.

Y así tenemos a Paulo: en plena crisis personal, cuando, justo en el rellano, conoce a Olivia, una encantadora friki de la informática que acaba de mudarse al piso de enfrente.

 


4. El viaje íntimo de la locura, de Roberto Iniesta

Roberto Iniesta Ojea, “Robe”, es el fundador e imagen del grupo de rock Extremoduro.

En el jardín hay un cerezo dormido, pero parece muerto. Este otoño comenzó a sentirse apático, y la dejadez se apoderó de su espíritu. La vida, cansada de verle abúlico y desastrado, decidió que lo mejor sería que se tomaran un tiempo para reflexionar sobre su relación, y se marchó de vacaciones, dejándole en un estado de abatimiento que hizo que se fuera consumiendo poco a poco hasta que acabó por convertirse en lo que es ahora: el aletargado esqueleto de un cerezo; una osamenta de madera clavada al suelo, que sólo espera que regrese la vida.


5. El océano de la memoria, de Paloma San Basilio

 La artista Paloma San Basilio dio el salto a la novela precisamente en este 2016.

Cádiz, 1936. No sin muchas dificultades llega al mundo Alba, la primogénita de una de las familias bodegueras con más solera de Cádiz, los Monasterio-Livingston. Una niña que destaca por su belleza y por el color de su pelo rojo fuego. Alba será testigo de los acontecimientos y las circunstancias difíciles que afectarán a su familia, a su madre, Alba Livingston Belacua, y a sus siete hermanos, Custo, Rocío, Lluvia y Mario, Santiago, Luna y Carlos, y asistirá perpleja a los caprichos que el destino les tiene reservados -Rocío se casará y se mudará a México, la tierra de su marido, con la intención de formar un hogar; Mario decidirá trasladarse a Colombia con su amigo Miguel para ejercer la medicina y allí descubrirá junto a él nuevas formas de amar, aunque también será golpeado por el terrorismo; o Luna, un ser especial que parece estar hecho de mar- mientras lucha por defender un amor al que se ha visto obligada y que permanece inalterable al paso de los años.


6. La melodía del tiempo, de José Luis Perales

José Luis Perales se estrenó en el mundo literario en 2015 con esta novela, de la que dijo: “He escrito mi canción más larga”.

El Castro es un pueblo tradicional de Castilla que, durante mucho tiempo, se ha resistido a caer en el olvido. Los habitantes han soñado, vivido y amado por sus calles de tierra, a la sombre de los olmos centenarios, frente a la vieja iglesia de San Nicolás o en el mirador alto que da al río. Pero, aunque los años pasan y los más antiguos del lugar ven cómo sus descendientes abandonan las casas que les vieron nacer, siempre hay alguien que regresa para hacer frente a la nostalgia y recordar cada una de sus historias. Como el primer amor de Evaristo Salinas, el relojero sordomudo; o el largo viaje de Victorino Cabañas en globo aerostático; o la pasión de Claudio Pedraza truncada por el estallido de la guerra; o la belleza legendaria de la gitana Cíngara y su local excavado en una cueva…


7. Memoria de unos ojos pintados, de Lluís Llach

Lluís Llach es uno de los abanderados de la Nova Cançó catalana. Memoria de unos ojos pintados fue su primera novela.

Cuatro amigos, dos chicos y dos chicas nacidos en 1920, crecen juntos en el barrio obrero de la Barceloneta. Empiezan a descubrir el mundo en un ambiente humilde y libertario, y la proclamación de la República les abre un anchísimo horizonte de posibilidades, ilusiones y esperanzas. Pero la Guerra Civil y la posterior represión franquista lo rompen todo. La vida de los cuatro personajes y de sus familias queda marcada por el impacto de unos hechos históricos que influyen de una manera especialmente trágica en la relación de amor y de amistad entre los dos chicos, Germinal y David. El mismo Germinal, ya viejo, narra su experiencia estremecedora a un joven director de cine que busca un argumento para una película. Reconstrucción vivísima de un periodo que sigue ejerciendo un influjo mágico en los lectores, Memoria de unos ojos pintados es, por encima de todo, una extraordinaria historia de amor.Esta obra ha recibido una ayuda a la edición del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

 


8. La nieve de las cuatro estaciones, de Luis Aguilé

El cantante argentino Luis Aguilé, muy popular en la España de los años 60 y 70, fue dos veces finalista del Premio Planeta, en 1984 con Dominó, y en 1989 con La guerra nunca aclarada. Esta fue su tercera novela.

Una historia sobre el mundo de las drogas que se desarrolla entre París y Marsella. La historia de los jóvenes protagonistas, demuestra la fragilidad de nuestra independencia personal de la que estamos tan convencidos. Ninguno de estos jóvenes fue culpable de sus actos. Fue el entramado social y perverso el que determinó sus destinos convirtiéndolos en víctimas inocentes de manejos que siempre están fuera de nuestro alcance.

 


 

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