Manifiesto por una lectura libre

By Lizbeth Mendoza 6 meses agoSin comentarios
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Leer es un gusto y no una obligación. Es una necesidad, como comer: todos disfrutamos un buen platillo, pero el acto de comer en sí, es una necesidad fisiológica, comemos porque nuestro cuerpo lo exige.

Y así es la lectura para un lector de corazón, necesaria. El mundo de las lecturas es el lugar perfecto para escapar de la realidad o para comprenderla un poco. ¿Qué sería de nosotros sin conocer las mentes, las locuras, las habilidades, los mundos y las costumbres de los valientes que se atreven a escribir para ser leídos por nosotros?

¿Un consejo para leer más? Enamorarse del poder de la imaginación. Nunca, bajo ninguna circunstancia te obligues a leer si no sientes la necesidad de hacerlo. Como dicen las abuelitas: “Si ya no quieres, ya no comas o te vas a empachar”.

Cuando un autor tiene el poder de describir un lugar más nítido que una fotografía, de construir un momento que te evoque suspiros, de crear un personaje con el que te identifiques, es entonces cuando te enamoras de tu propia imaginación, que ya fue inducida por un maravilloso narrador.

Por eso, declaro que no creo en la lectura obligada, porque no tiene eco en la memoria de nadie. Porque así como no tiene sentido decir y presumir estar enamorado sin sentirlo, así tampoco tiene sentido leer sin enamorarse de lo que tienes entre las manos.

Y como lo bueno se contagia, es válido contagiar el amor a la lectura y a sus buenos momentos. ¿Cómo hacerlo? A través de la sencillez de la pasión. Es decir, cuando hables de tu libro favorito con la intención de recomendarlo, ¡emociónate! Vuélvete loco, explica por qué lo amas tanto, por qué te identificas, cómo te hace invertir horas de sueño en horas de lectura, cómo es que llegas al punto de llorar la muerte de un personaje o emocionarte por los acontecimientos.

Eso logra que contagies tu amor por los libros y todos los mundos que guardan dentro. Además, si alguien quiere conocerte tal y como eres, siendo tú un lector, la mejor forma será que lea a tus consentidos, y si se enamora de tus libros, también lo hará de ti.

Pero… aquí es en donde entra la otra posibilidad que siempre debes tener en cuenta: la otra persona tiene sus propias emociones y gustos, y así como puede caer redondito a los pies de tu libro preferido, también podría rechazar totalmente tu recomendación.

Sea como sea, lo importante es intentarlo, y si logramos que más personas se enamoren de la lectura, entonces sabremos que hemos hecho de esta realidad un lugar mejor.


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