Novelas a la orden del día

By Lizbeth Mendoza 6 meses agoSin comentarios
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Las novelas no son como la vida. Nunca. O por lo menos no como la mía, tan desordenada y llena de vergüenzas públicas como caídas y equivocaciones penosas.

Es por eso que las leo con la mejor disposición, porque quiero que sean parte de mi vida desordenada y le pongan un poco de amor bonito (y que conste que no me quejo de los amores reales, pero de vez en cuando sentir que el amor puede ser besos bajo la lluvia y cabello perfectamente despeinado, está bien).

Y aquí vienen las confesiones: estoy enamorada del Señor Darcy y sus palabras melosas —que aunque yo parezca seria y callada al extremo, sí, me derriten de amor— para declararle su amor a Elizabeth. Me gusta su caballerosidad anticuada y me encanta la insolencia de la joven protagonista.

Y qué decir del señor que me enseñó que el amor puede ser tierno y puede ser eterno: Gabriel García Márquez, mejor conocido como Gabo. Increíble pensar que un periodista de datos duros pueda conseguir llevar la imaginación a lugares tan recónditos como Macondo, a esos amores que duran más de una vida, a esas frases como “sólo Dios sabe cuánto te quise”.

Además, las novelas no sólo sirven para llorar sobre el amor, también me han enseñado unas cuantas lecciones sobre la vida. Por eso agradezco que exista por ejemplo, El Principito, que me llenó de suspiros, de tranquilidad y de emociones, pero sobre todo de imaginación, de esa que me recuerda todos los días que los sueños no se olvidan porque nos mantienen vivos.

Y también mantienen mis locuras vivas, mis ansias del futuro se carcomen cuando conozco novelas como 1984 o un Mundo Feliz, te transportas a una sociedad hipotética pero que sabes que podría ser real, temes y después piensas en los pros y los contras, te das cuenta de que es un libro y piensas: ¡qué buenas novelas!

O qué tal Stephen King y sus letras que te dan escalofríos, que te erizan la piel y que logran que realmente te enamores de los personajes.

Por eso creo que sí, la realidad supera a la ficción, pero las novelas nos dan ideales, nos enseñan que el ser humano es un cúmulo de emociones y de pensamientos y que tal vez algún día los dejemos salir y vivamos una aventura digna de novela del autor principal de tu vida: tú mismo.

 


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