¿POR QUÉ NO ES BUENO OBLIGAR A LOS NIÑOS A LEER?

By Fernanda Velazquez 3 semanas agoSin comentarios
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Muchos somos los que tenemos alguna historia sobre cómo en el colegio nos obligaron a leer algo y cómo esa lectura nos hizo odiar el libro o la literatura en general durante un tiempo (o para siempre). A mí me pasó con El Principito, de Antoine de Saint-Exupery, ese libro que tiene tantos fans tan emocionados y que yo tengo muy arriba en mi lista de libros odiados. Lo tuve que leer en el colegio con 8 años, posiblemente siguiendo esa idea de que es un libro para niños (el autor tenía claro que no lo era). En su momento me pareció una tontería y lo odié e incluso cuando en el instituto una profesora de francés nos lo hizo leer seguí odiándolo. Y me pasó también en general con la literatura gallega, tras años en los que se sucedieron lecturas obligadas horribles (Aqueles anos do Moncho, de Neira Vilas, está aún más arriba que El Principito en libros odiables) que me hicieron muy infeliz.

¿Todos esos libros eran horribles?

No, el problema posiblemente no era ese (que sí, que estamos hablando de El Principito y lo sé) sino más bien que eran libros escogidos sin pensar en su público lector y en el modo en el que nos identificamos y recibimos diferentes libros en cada momento. Tras Aqueles anos do Moncho (que es una historia sobre un niño en el rural en lo que recuerdo como la época de mis abuelos, pero que internet me chiva que es durante la Guerra Civil) y tras casi un motín (a toda la clase el libro nos había parecido aburrido), la profesora había cambiado a O príncipe de brétema, la traducción al gallego de uno de los libros de Carlos Ruiz Zafón. Había sido un super hit, que había leído toda la clase. Y, además de ser libros que no resultaban atractivos a los lectores, estas lecturas del colegio tenían cierto aroma a deberes, a cosa que una tiene que hacer aunque no quiera, lo que hacía que pareciesen aún más grises.


Todo esto viene para traer un tema y uno además que da para mucho debate.

¿Cómo se deben escoger las lecturas escolares?

¿Hay que obligar a los niños a leer El Lazarillo, aunque sufran durante el proceso y juren no volver a leer ni un libro más? ¿Hay que escoger lecturas con potencial para enganchar?

¿O hay que escoger clásicos/libros de gran literatura que funcionen a un nivel mucho más como lectura que puede enganchar o gustar, que pueda funcionar como libro que se lea por placer?


En mi Bachillerato era obligatorio leer Crónica de una muerte de anunciada, de Gabriel García Márquez, y no solo nadie se quejó sino que el libro invitó a leer otros libros del autor. Y no habría leído nunca Los pazos de Ulloa, de Emilia Pardo Bazán, si una de mis primas no lo hubiese leído (obligada) en el colegio, le hubiese encantado todo el drama y me lo hubiese recomendado encarecidamente.

Las lecturas obligatorias son una manera de hacer que los escolares entren en contacto con los libros y, para algunos, la única vía que consideran posible para hacerlo. Si no les mandas, no lo hacen, es el argumento detrás de esto. La cuestión se está volviendo además más peliaguda a medida que los libros van perdiendo peso en las horas de ocio de los niños:


Según datos de la estadounidense National Endowment for the Arts, el tiempo que los adolescentes dedican voluntariamente a leer libros (esto es, la lectura por placer) ha caído en un 50% en los últimos 20 años. Esta desaceleración ha hecho que se hayan impuesto nuevos sistemas para controlar que los adolescentes y niños leen y para obligarlos a hacerlo. En Estados Unidos, cada vez son más las instituciones educativas que obligan a los escolares a leer al menos 20 minutos cada día en casa y que han implementado sistemas para controlar que esto sea cierto y que se esté haciendo. Los escolares tienen que tener la lectura bajo vigilancia, por así decirlo, para asegurar que realmente leen.

Pero ¿es este sistema de lectura mínima obligatoria perjudicial al final para incentivar la lectura? Como apuntan en un análisis de The Atlantic, lo es. Obligar a los niños a leer hace que en lugar de desarrollar hábitos de lectura ‘orgánicos’ (es decir, que acabe saliendo de ti el leer un libro) lo que hace es convertir la lectura en una obligación y en algo poco atractivo. El ejemplo que ponen en el artículo es bastante claro para comprenderlo: ¿qué ocurriría si se obligase a un niño a dibujar durante 20 minutos cada día y a luego hacer un informe de cuánto ha dibujado y cuántos colores ha usado (que es lo que los sistemas de control de lectura suelen hacer)? Dibujar pasaría a ser algo aburrido y poco atractivo.

A la percepción se suman los estudios. Al menos uno se ha centrado ya en el efecto que tiene obligar a leer a los escolares con políticas de control. El estudio separó a los niños en dos grupos. Unos tenían que leer como mínimo 20 minutos y tenían que ser controlados por sus padres para asegurar que hacían los deberes. El otro grupo simplemente era alentado a leer y les recomendaban hacerlo 20 minutos al día, pero sin que fuese una obligación. Tras el tiempo de lectura, los resultados demostraron que los primeros habían perdido interés por la lectura mientras que los segundos mostraban actitudes mucho más positivas ante ella. Hacer que la lectura sea obligatoria hace que se convierta en algo que uno tiene que hacer y de lo que no se puede sacar placer, algo que uno no haría en su tiempo libre.

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